Donald, Clavijo, muros

Que dice un dirigente que confía

en que la xenofobia y el racismo

le den alternativas al turismo

para que le entre así por otra vía.

Seguro que lo llaman cualquier día

para que forme parte de ese invento,

e hincado de rodillas y contento

irá a firmar acuerdos de futuro

y a cambio les dirá “Yo pago el muro,

que soy experto en bloques y cemento»

(Yeray Rodríguez)

«Se nos abre una oportunidad con los americanos, porque si se recrudece la política de Donald Trump con México, que es, junto al Caribe, el destino turístico elegido mayoritariamente por la población de Estados Unidos, se nos puede abrir una vía», afirmó sin ponerse colorado el pasado domingo el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo. Sin puntualizaciones. Sin matices. Son de esas frases que tanto daño hacen a una actividad, la política, esencialmente digna. Y que muestran el peor rostro, la política con minúscula, los objetivos más mezquinos.

La faltó, eso sí, desear abiertamente que se prolongaran en el tiempo todo lo posible  los conflictos que, con distinta intensidad, azotan a Siria -el más violento, con más muertos, heridos y desplazados, con mayor destrucción de infraestructuras-, Egipto, Túnez o Turquía, que tanto tienen que ver, sobre todo los tres últimos, destinos turísticos de primer orden, con los crecimientos en visitantes de los últimos años.

Se trata de unas declaraciones muy equivocadas. Cuando la parte más democrática de este mundo muestra su enorme preocupación y expresa su rechazo ante los modos y maneras del nuevo presidente estadounidense, faro del populismo de derechas que crece también en el viejo continente con Le Pen, Salvini, Farage o Wilders.

Cuando Europa ve como el extremista líder de Estados Unidos aplaude fervorosamente el Brexit y desea el desmantelamiento de la Unión Europea. Cuando se empiezan a concretar en la práctica sus propuestas antiinmigración, racistas y xenófobas. Cuando desprecia el cambio climático y muestra su machismo y homofobia nauseabunda… Cuando todo esto ocurre, el titular del Ejecutivo canario ve «una vía», una oportunidad, en la construcción del muro en la frontera con México y sus consecuencias. Al margen de la distancia, no es lo mismo viajar de Estados Unidos a México y al Caribe que hacerlo a Canarias, sus palabras no tienen un mínimo de análisis crítico de unas decisiones muy negativas que afectan a millones de personas.

Desvelan, asimismo, un oportunismo, una falta de humanidad que no deben formar parte de la mochila del presidente de Canarias, al margen de su adscripción política o ideológica.

Tenemos a un presidente que hasta ahora ha mostrado su voluntad de gobernar para los empresarios, sus deseos –convertidos en leyes, aprobadas o en proceso- . de rebajar la protección del territorio y el medio ambiente, su insularismo a la hora de rechazar una reforma del injusto sistema electoral canario y, asimismo, de repartir dineros públicos sobre la triple paridad y no sobre la población y sus necesidades.

Mientras, debe ser menos importante, la Sanidad continúa con elevadas listas de espera y suscitando críticas, pese al esfuerzo y la contrastada calidad de sus profesionales. La educación sigue lejos de la media española y europea, y se incumplen las leyes aprobadas por el propio Parlamento en materia de financiación, que estipulan un aumento presupuestario progresivo hasta acercarse al 5% del PIB que de ninguna manera se viene produciendo; más bien todo lo contrario. Y débiles servicios sociales, en una Comunidad con elevado desempleo, pobreza y exclusión social.

miseria. Un presidente que considera que, después de todo, las medidas de Trump pueden ayudar a que vengan más turistas a las Islas, única obsesión del Ejecutivo. ¡Si pusieran el mismo interés en acabar con la sobre explotación en el sector! Con los salarios de miseria y con la precariedad. Con sus consecuencias a corto, medio y largo plazo: escasas prestaciones sociales y bajas pensiones de jubilación.

Para que esto ocurra existe una evidente complicidad. Con distintos protagonistas y momentos. Desde la investidura hasta hoy pasando por la prolongada crisis permanente del Ejecutivo. Aunque en el camino su partido, CC, siga alejándose de los sentimientos de buena parte de la ciudadanía y olvide que la protección del territorio y del medio es una de las señas de identidad que más ha movilizado a los canarios de todas las islas en las últimas décadas.

Complicidad de los diputados de su grupo, y , de manera especial, de los dos o tres que siguen siendo nacionalistas o progresistas. También de los que, desde otras formaciones, están suministrando oxígeno parlamentario al Ejecutivo, caso de ASG y PP, aunque en este último partido ya hay voces, como la de Enrique Hernández Bento, que apuestan claramente por dejar caer al actual Gobierno.

Complicidad, asimismo, de una parte significativa de los medios de comunicación y de los propios periodistas que maquillan los errores gubernamentales y silencian a la oposición desde una televisión pública controlada por el Ejecutivo y su mediática tropa. Pero también desde unos medios privados movidos por intereses económicos, por prebendas presentes y futuras, incapaces de ser mínimamente críticos, lo que rebaja en gran medida la calidad democrática de esta sociedad.

Los muros de Donald y Clavijo cuentan con muchos albañiles, con mucho cemento y arena, con suficientes ladrillos.

También, afortunadamente, con personas dispuestas a entonar Berlín 90, un tema musical de Pedro Guerra en su etapa de Taller Canario: «…que se sigan cayendo/con la misma energía/los pedazos de muro/que nos tuercen la vida».

Enrique Bethencourt en Canarias 7