El hombre que libera esclavos

Santa Lucía recibe a Ullah Khan, libertador de uno de los símbolos de la esclavitud, Iqbal Masih. El pequeño fue asesinado en 1995 por la misma industria que lo esclavizó .

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Santa Lucía recibió ayer a una de las figuras mundiales más emblemáticas contra la lucha de la esclavitud infantil, el pakistaní y hoy exiliado en Suecia, Ehsan Ullah Khan, que salvó al niño esclavo Iqbal Masih, un muchacho que logró su libertad en el año 1995.

El municipio del sureste fue uno de los primeros de España en dedicar un monumento al pequeño, que hace ya más de dos décadas conmocionó con su vida a todo el planeta provocando un intenso debate por el empleo por parte de las grandes multinacionales occidentales, de mano de obra infantil, especialmente asiática.

La visita de Ullah Khan, se enmarca dentro de las actividades del Encuentro de Solidaridad con los Pueblos de África y Latinoamérica, Espal, que tiene un programa propio dentro de su calendario dedicado a los centros educacionales, el EducaEspal. Por este motivo el pakistaní visitaba ayer, antes de celebrar un encuentro con la alcaldesa de la localidad, Dunia González, unas charlas en el instituto de Doctoral y en el de Santa Lucía, a cuyos alumnos solicitó el compromiso de unirse activamente a su lucha a favor de la dignidad de los más pequeños, manifestándose en contra de las empresas que fabrican productos fabricados por los esclavos.

Ullah Khan sorprendía al alumnado ilustrando que detrás de una camiseta de tres, cuatro o cinco euros hay un niño sometido, porque esos precios nunca reflejan la realidad del coste-beneficio en una situación laboral regulada.

Y los jóvenes, por su parte, le preguntaban por su relación con el pequeño Iqbal Masih, interesados en conocer detalles de su vida y las circunstancias en las que lo conoció.

El pequeño nació en 1982, y según explica Pino Sánchez, que es concejal de Solidaridad, fue vendido por su familia a un fabricante de alfombras por nueve euros para afrontar los gastos de la boda de uno de sus hermanos. Así malvivió durante doce años, de los cuales muchos transcurrieron atado al telar en jornadas de 12 horas,

Ehsan Ullah Khan, que comenzó a los 20 años a trabajar en el campo de la solidaridad en su país, ayudó a liberar a Masih, como a otros tantos niños en la misma situación. Pero en 1995, cuando Masih ya disfrutaba de su libertad e iba a su casa en bicicleta, fue tiroteado por sicarios contratados por la industria de la alfombra, muriendo por las heridas recibidas.

Convertido en todo un símbolo su libertador, musulmán, fue acusado de alta traición en su país, un delito que se paga con la pena de muerte, ‘agravado’ por el beso que le dio al pequeño -de religión cristiana-, al morir, lo que algunos vieron como una blasfemia. El tejido empresarial de su país lo acusó de acabar con la economía local, tras constatar un descenso de las exportaciones y otros productos manufacturados por la esclavitud.

Exiliado en Suecia había fundado antes, en 1988, el BLLF (Frente de Liberación del Trabajo Forzado), con la que ayudó a crear una red de escuelas bajo la premisa, como recordaba ayer Pino Sánchez, que la educación es el mejor escudo contra la explotación infantil. De aquél entramado apenas quedan 25 escuelas, que Ullah ayudaba a sufragar con su salario, hoy mermado tras su jubilación. Es en esta última etapa en la que ha decidido hacerse más visible para recabar fondos para su fundación.

Un apoyo que ha encontrado también en Santa Lucía, cuyo grupo de gobierno lleva más de una década proponiendo el 16 de abril, el día que murió Masih, como día internacional contra la esclavitud y cuya escultura es parte del paisaje del municipio desde el año 2001, de ahí la expectación, ayer, con la presencia del pakistaní.

Pino Sánchez, además, subrayaba que las formas de esclavitud no se dan sólo en Asia o en África, sino en todos los lugares del mundo «donde existe una industria clandestina, unos mercados alternativos, en los que si bien no está tan estructurada como en aquellos países, también es objeto de abusos». Sánchez se remitía a los menores sometidos al régimen de la prostitución en Europa, y también en ocasiones en España, además de los que sufren en países en conflictos para explotar en minas terrestres, los que remueven las basuras o los que, como Masih trabajan en el sector textil y que se pueden combatir desde el continente europeo rechazando sus productos.

 

La Provincia/Juanjo Jiménez 23.04.2015