Enmienda XIII (La decimotercera enmienda)

Un documental de la directora estadunidense Ava DuVernay. El título se refiere a la  Enmienda 13ª de la Constitución de Estados Unidos que prohíbe la esclavitud y el trabajo forzado, excepto como castigo por un delito. La cinta se enfoca precisamente en la excepción. Mediante material de archivo y entrevistas con personajes relevantes explica por qué actualmente hay un número desproporcionado de afroamericanos e hispanos en las cárceles en Estados Unidos. Descifra también por qué estar detenido en esas prisiones es una forma moderna de esclavitud. El Movimiento por los Derechos Civiles de los años sesenta consiguió que se abolieran las leyes de segregación racial y la población morena dejó de ser discriminada abiertamente. Sin embargo, la película muestra que la discriminación continúa. Y es que se escribieron nuevas leyes que penalizaban actos antes no sancionados y que, por su diseño, perjudicaban a los más pobres: las minorías afroamericanas e hispanas.

Desde  los años ochenta las prisiones estadunidenses se empezaron a privatizar: Las cárceles empezaron a funcionar como hoteles en los que empresas privadas le alquilan al gobierno cada cama ocupada. Este hecho, ha permitido que exista un incentivo comercial para aumentar el número de reos. Para lograrlo las empresas adjudicatarias influyen en los políticos y se crean nuevas leyes que perjudican a los más pobres, que son los más legalmente desamparados. El resultado es estremecedor. En Estados Unidos, el 5% de la población –2,3 millones de personas–está tras las rejas: uno de cada cuatro prisioneros en el planeta vive en ese país. Y la probabilidad de ser encarcelado es cinco veces más alta para un afroamericano que para un blanco.

Aún más estremecedor es que con el pretexto de rehabilitar a los reos, cientos de compañías privadas han obtenido el derecho de producir dentro de las cárceles. Como resultado, industrias químicas, de electrodomésticos, de electrónica o de muebles «emplean» prisioneros a cambio de menos de un dólar al día de promedio, para producir sus productos y ofrecer sus servicios. Los reos no solamente son mano de obra muy barata sino que tampoco tienen garantías laborales como el seguro de desempleo, la oportunidad de faltar al trabajo o la posibilidad de realizar huelgas. Y si se niegan a trabajar, son encerrados en celdas de aislamiento. Es decir, los prisioneros son, de facto, esclavos.

Como revela DuVernay, lo que hace al encarcelamiento gringo distinguirse especialmente y ser sorprendentemente brutal, es que esta coloreado por el capitalismo desenfrenado. Las cárceles son una industria millonaria y las víctimas de este gran negocio son los marginados. Los centros de detención a los que son mandados los inmigrantes indocumentados durante el tiempo en el que se decide si son o no deportados, también son manejados por empresas privadas. Se sabe que en estos sitios no hay atención médica, se realizan revisiones humillantes, aislamientos y hay abuso sexual y muertes inexplicables. Todo resulta aún más aterrador si se recuerda que muchos de los recluidos en estos centros de detención son menores de edad. Por último, cabe mencionar que por buena razón, el documental incluye secuencias de la campaña de Donald Trump, en donde el candidato republicano a la presidencia hace declaraciones nostálgicas sobre los «buenos tiempos del pasado», que claramente aluden a la época en el que el maltrato abiertamente racista y violento hacia las minorías era legal. Unas minorías que siguen expuestas a peligros aún peores a los que han vivido hasta ahora.

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Enmienda XIII describe lo que ocurre en Estados Unidos. Pero la película es de enorme relevancia en cualquier rincón del planeta. Y es que vivimos una época en la que la demonización y el abuso de las minorías suceden casi en todas partes.